Durante décadas, las advertencias sobre el progresivo deterioro de nuestro planeta se manifestaron a través de complejas estadísticas y proyecciones distantes, creando una percepción de que el problema no nos afectaría de inmediato. No obstante, la realidad nos ha alcanzado. Fenómenos como las olas de calor extremas, las prolongadas sequías y las inundaciones repentinas ya no son visiones futuristas, sino vivencias cotidianas que nos recuerdan la fragilidad del ecosistema. Esta creciente preocupación permea ahora nuestra vida diaria, incluso en regiones que antes se consideraban inmunes a tales impactos. En este contexto, la séptima edición del Informe sobre la Perspectiva del Medio Ambiente Mundial (GEO-7) del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) emerge como una llamada de atención urgente, dibujando un futuro sombrío si la humanidad no reacciona de manera contundente y unificada.
El documento del PNUMA, fruto de la colaboración de casi 300 científicos, presenta un análisis alarmante de cómo sería el mundo en 2050 si se mantiene la trayectoria actual de contaminación, emisión de gases de efecto invernadero y destrucción de ecosistemas. Las proyecciones indican que las emisiones globales aumentarán un 50% para entonces, alcanzando los 75 mil millones de toneladas anuales, lo que desestabilizará el clima global y expondrá a casi la totalidad de la población mundial (aproximadamente 9.2 mil millones de personas) a olas de calor extremas. Además, la extracción de materias primas alcanzará los 165 mil millones de toneladas anuales, un incremento del 60% respecto a 2020, lo que acelerará la pérdida de biodiversidad y agravará el cambio climático. Estos impactos no solo son ambientales, sino que también tienen profundas repercusiones económicas y sociales, con una posible reducción del PIB mundial del 4% anual para 2050, que podría escalar al 20% para 2100, afectando desproporcionadamente a las poblaciones más vulnerables.
El informe detalla otros riesgos críticos. La contaminación del aire, aunque se prevé una ligera disminución general, afectará a un número mayor de personas debido a la urbanización, con 4.2 mil millones de individuos expuestos regularmente a niveles peligrosos de PM 2.5 para 2050. Las muertes relacionadas con la contaminación atmosférica podrían costar a la economía global entre 18 y 25 billones de dólares hasta 2060. Asimismo, la naturaleza seguirá perdiendo terreno, con la desaparición de un millón de kilómetros cuadrados de bosques y turberas, principalmente debido a la expansión agrícola para alimentar a una población creciente con hábitos alimenticios más intensivos en carne. Esta pérdida de ecosistemas resultará en una disminución del 3% en la abundancia promedio de especies, un indicador clave de la salud de la biodiversidad global.
Además, el GEO-7 advierte sobre el aumento de desastres naturales y sus consecuencias humanitarias. Aproximadamente 1.1 mil millones de personas estarán expuestas a lluvias intensas y cerca de 900 millones a sequías extremas para 2050, lo que empujará a 132 millones de personas a la pobreza y dejará a otros 24 millones en riesgo de hambre para 2040. Para 2050, un tercio de la población mundial, unos 3.3 mil millones de personas, enfrentará estrés hídrico severo. Estos escenarios apuntan a la posibilidad de cruzar puntos de no retorno climáticos, como el colapso de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental, la liberación masiva de metano por el deshielo del permafrost, la transformación del Amazonas en sabana y la desaparición de los corales de aguas cálidas, lo que desencadenaría un caos climático y ecológico global con consecuencias impredecibles.
Aunque el panorama es desafiante, el GEO-7 insiste en que el destino de la Tierra no está sellado. Aún hay una ventana de oportunidad para mitigar el cambio climático, frenar la pérdida de biodiversidad y reducir la contaminación. Sin embargo, esto requerirá una transformación urgente y sin precedentes en la gobernanza económica de las naciones, la gestión de materiales y residuos, la producción energética y alimentaria, y el uso de materias primas. La colaboración internacional y un compromiso firme de todos los niveles de la sociedad son esenciales para forjar un futuro más sostenible. El informe no solo es una advertencia, sino también un llamado a la acción colectiva, invitándonos a reflexionar sobre si estamos dispuestos a tomar las riendas antes de que los límites planetarios se vuelvan irreversiblemente inmanejables.